Santiago Mexquititlan

La comunidad de Santiago Mexquititlán,o Nsantyo como la llaman los indígenas otomíes, es una delegación política del municipio de Amealco de Bonfil y está a 21 kilómetros al interior de una zona montañosa. Es una comunidad mayoritariamente Otomí con una minoría de familias mestizas, un asentamiento rural disperso con una población de alrededor de 15.000 habitantes. La mayoría de la población son hablantes del ñähño (un 80% aproximadamente).

En cuanto al nombre del pueblo, es común que comunidades indígenas llevan un nombre compuesto. El culto al Señor Santiago es herencia colonial de la conquista del Bajío y se encuentra también en el cuento sobre la fundación de la ciudad de Querétaro. La palabra Mezquititlan, cuyo significado si se escribe con “z” se deriva del Nahuatl y significa: lugar de mezquites. La gente cuenta que cuando se fundó la comunidad, se encontraban muchos árboles de este especie. Cuando se escribe el nombre con “x”, quiere decir: lugar donde se comen quelites. Hoy en día, ya no hay mucho mezquite, por el contrario, se producen quelites y es un alimento apreciado por los habitantes.

Santiago es el “Tsi Dahmu”, santo patrón del pueblo. El templo alberga el Altar de los Mayordomos. Desde el atrio de la iglesia, se pueden ver las montañas que rodean al valle verde.

Como llegaron a sonar las campanas

Recién construida la iglesia del Barrio Centro de Mexquititlán, un hombre y una mujer del Barrio III viajaban frecuentemente de lxtapa a Michoacán para comprar y vender mercancías. Tenían bastante éxito en sus negocios y un día, queriendo saber cuanto dinero habían ganado se sentaron sobre unas rocas. La señora extendió su enagua y juntó ahí todas las monedas. El señor hizo lo mismo, en su sombrero. Cuando terminaron de contar, les pareció mucho y tuvieron la idea de comprar dos campanas para la iglesia, dejando así un recuerdo perpetuo de su bondad. Las monedas sobrantes las enterraron en la esquina de su casa. Desde entonces, en todo el pueblo de Mexquititlán se escucha el repique de las campanas.

Como apareció la imagen de la Virgen

Anteriormente sonaban a diario, al mediodía y a las seis de la tarde, para recordar el tiempo e indicar la hora de rezar y decir el Ave María. Hoy, sin embargo, suenan sólo durante Seaman Santa, cuando se celebra la misma o cuando una persona ha fallecido. En aquel tiempo, los protagonistas de esta historia salían frecuentemente a Michoacán para traer madera. Un día, la travesía por las montañas les deparó un prodigio. Escondida entre los arbustos encontraron una imagen de la Virgen de Guadalupe. El respeto que les infundió fue tan grande que no se atrevieron a tocarla. Una vez en la comunidad consultaron con el comisario y juntos decidieron que la imagen había aparecida porque estaba destinada para el pueblo. Regresaron al lugar y llenos de júbilo la llevaron al templo de Santiago.

Como se salvó a la imagen del Santo Patrón Santiago.

Hacia 1890, un grupo de protestantes comenzaba a frecuentar la comunidad de Santiago para predicar su verdad y convertir a los indígenas al evangelismo. Para poner fin a la idolatría de los habitantes de Santiago, así cuenta la gente, los protestantes anunciaron que iban a quemar la imagen del Santo Patrón en una hoguera. Los Otomíes que se opusieron fueron encarcelados por las autoridades de Amealco quienes apoyaban a grupo religioso. Sometidos a trabajos forzados en el dia y amarrados con cadenas durante la noche, los prisioneros soportaron diez dias en encarcelamiento. A la mañana siguiente del undécimo dia, cuando los carceleros abrieron las puertas de las celdas, las cadenas estaban sueltas, sin rastro que indicara que hubieran sido tocadas. Seguros de que los otomíes de Santiago estaban poseídos por el demonio, les mantuvieron prisioneros, sin obligarlos a realizar trabajos forzados, redoblaron la vigilancia. La noche anterior al término del plazo de reclusión, sucedió algo extraño otra vez. Varias autoridades del municipio escucharon el trote de caballos y múltiples voces indefinidas sobre los techos de sus casas durante toda la noche y no lograron dormir. Al siguiente dia, fueron a la cárcel para rendir tributo a los hombres de Santiago porque entendieron que eran hijos de Dios y no del brujo. Fueron liberados y no permitieron mas a los protestantes de quemar a la imagen del Santo Patrón.

Como el Santo Patron protegió el templo

Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, el jefe espanol Don Francisco Monte Gachupín, era un hombre sumamente rico y poderoso. Fundó las tres haciendas: la de Solís, San José Ixtapan y los Molinos de Caballeros. En aquel entonces, los hacendados construyeron un dique de medio kilómetro de longitud frente a la iglesia de Santiago Mexquititlan, para abastecerse de agua para riego y consumo de los animales. Poco después de la construcción, la presa se llenó dos veces con tanta agua que los Santiaguenses temieron que inundara el templo. Con fin de repeler el peligro, toda comunidad se reunió para rezar en el templo al Santo Patrón y sucedió un milagro. Sin que el hombre interviniera, se rompió el dique, permitiendo que el agua se saliera en dirección opuesta a la iglesia.

La comunidad de Santiago Mexquititlan se encuentra divida en seis barrios:

Barrio 1º (donikó lo que quiere decir Centro),

Barrio 2° (NOSDA  que significa Tepozán),

Barrio 3º (tojí o t’ähi lo que quiere decir mezquite),

Barrio 4º o San Diego,

Barrio 5° Agostadero,

Y Barrio 6° San Felipe.

Hoy dia hay una escuela primaria y jardines de niños en cada barrio. La comunidad también cuenta con una secundaria y un video-bachillerato. El “Barrio Séptimo” se encuentra en la Ciudad de Querétaro, así lo llaman los Santiaguenses que migraron para vender sus artesanías o trabajar como vendedor ambulante o albañil.

La comunidad cuenta con un delegado y policías municipales quienes reciben sueldos del municipio. La organización tradicional cuenta con cargueros y mayordomías. El cambio de cargueros es una tradición viva de Santiago y San Ildefonso Los cargueros son los responsables durante un año de las actividades religiosos de servicio a un santo. Durante la fiesta del 25 de Julio del Santo patrono Santiago, se realiza el cambio en donde los cargueros salientes entregan panes y el atole a quienes serán los sucesores. Durante las fiestas del 15 de mayo, 25 de julio, 8 y 12 de septiembre, los músicos tocan flauta y tarola. Para la celebración de las fiestas, los migrantes del pueblo regresan a su comunidad para participar en las festividades.

En la época colonial, Santiago Mexquititlán estaba sujeta a la jurisdicción de Xilotepec, antiguo señorío otomí prehispánico sometido al dominio azteca. Fue fundada oficialmente en el siglo XVI cuando la comunidad de Santiago Mexquititlán recibió su fundo legal de 400 varas. En el siglo XVIII los habitantes trabajaron en las haciendas circunvecinas[1].

En aquellos tiempos, los padres otomíes temían mandar a sus hijos solos al campo a cuidar a los animales. Varios niños habían desaparecidos y corría el rumor de que emparedaban a “angelitos pequeños” como amuletos en las obras y casas de gran prestigio. Se sabe, por ejemplo, que se emparedó a un niño en uno de los muros de la presa de Galindo. La gente cuenta que se escucha su llanto cuando se revienta el agua de la presa, como si intentara escapar de su vieja prisión de piedra.

Sujeto a trabajos pesados, el santiaguense cumplía jornadas de sol a sol al servicio de los propietarios de cinco haciendas alrededor de la comunidad: la Torre, San Felipe, Salís, San José lxtapan y Molinos. El alimento básico indígena era la tortilla y el chile, complementado con productos silvestres. En cambio, en las haciendas tenían reses, puercos, borregos  y caballos. Los  pobres campesinos no tenían tierras propias y tampoco herramientas de labranza. La oferta de mano de obra era mayor que la demanda. Los hacendados explotaban esa situación pagando un sueldo miserable. Solía suceder que si los trabajadores no llegaban puntuales a la hacienda, se les impedía trabajar (después de haber recorrido grandes distancias a pie para llegar a los plantíos). Si un trabajador se caía de cansancio, se le pegaba con un chicote hasta que nuevamente se ponía de pie. El domingo era el único día de descanso. Los sábados, en las plazas de las haciendas recibían su jornal el cual consistía en un peso sesenta centavos y doce cuartillas de maíz. Don Pedro, de 65 años de edad recuerda que su padre ganaba veinticinco centavos semanales y que el sueldo para los niños era de ocho centavos.

En 1920, La Revolución Mexicana acabó con el latifundio, pero fue hasta 1932 que las tierras se repartieron en ejidos, pasando a manos de quienes las trabajaban en Amealco. Desde entonces, poco a poco, las circunstancias se mejoraron para los habitantes de Santiago. La gente comenzó a tener yuntas de bueyes, puercos, vacas, borregos y vivieron años de paz y desarrollo y relativa independencia cultural y socio-económica. En 1947, sin embargo, el desarrollo fue interrumpido por el brote de la fiebre afosa. Los ancianos de la comunidad cuentan que a partir de entonces se reanudo la miseria. En julio de esta año, aviones volaron sobre la comunidad, rociando un polvo sobre los campos, según para combatir la epidemia. Pocos meses después, cuando los animales comieron del pato, se enfermaron. La pezuñas se les agrietan, las patas se hinchaban y no podían andar. En noviembre llegó el ejercito, acompañado de estadounidenses, exigiendo a los Otomíes que entregues todo su ganado, aun aquellos animales que estaban sanos. Cavaron fosas para enterrar a los animales enfermos pero a nadie escapo el hecho de que también en las orillas del pueblo operaban grandes camiones de carga y que el relieve de las fosas no mostraba que hubiera cadáveres adentro. Un subdelegado quiso resistir la entrega de sus animales, pero le dispararon delante de su mujer e hijos. Otros escondieron sus animales. Todavía con la esperanza que el gobierno diera alguna compensación por las grandes perdidas sufridas, 15 días después de los hechos ocho hombres del pueblo se trasladaron el DF y permanecieron tres días y noches frente al Palacio Nacional en espera de ser escuchado. Por toda respuesta la policía les ordeno regresa al pueblo porque de los contrario, seria ahorcados. Fue así como muchos anos de trabajo se perdieron de la noche a la mañana.

Los ancianos de la comunidad cuentan que el gobierno de Miguel Alemán, en aquellos tiempos, firmó un acuerdo con los Estados Unidos, obligándose a exportar grandes cantidades de carne. Para cumplir con el compromiso invadieron el campo par despojar a los indígenas de su ganado. Ello ocasiono que los pobladores comenzaron a migrar de Santiago en busca de fuentes de trabajo fuera de la comunidad.

En 1951 se inauguró la carretera Ixtlahuaca-Jilotepec con desviación a San Marcos. Esta carretera conecta a Santiago con la cabecera municipal, Querétaro, Temascalcingo y el Distrito Federal fue construida en 1978[2]. El hecho de que Santiago tenga desde hace tiempo la mejor red de comunicación comparada con otras comunidades otomíes vecinas refleja su importancia histórica, pero también provocó cambios y transiciones. La migración de la comunidad se intensificó después de la construcción de la carretera que conecta a Santiago con Querétaro y el DF. La altitud del valle es de 2000 a 2400 mts. sobre le nivel del mar.

La gente mayor de la comunidad lamenta que hayan ocurrido tantos cambios y que los pueblerinos han optado por imitar lo que llaman “costumbres de fuera” y de esta forma están perdiendo el respeto para sí mismo y los ancianos, las mujeres, la religión, los antepasados, la lengua y cultura.

[1] Otho Bui. Migrantes Otomíes en la Ciudad de México. Alfonso Guerrero Galván

[2] Otho Bui. Migrantes Otomies en la Ciudad de Mexico. Alfonso Guerrero Galván