San Ildefonso Tultepec

SAN ILDEFONSO TULTEPEC

San Ildefonso Tultepec se encuentra a veinte kilómetros de Amealco, al sur del estado de Querétaro. Incluye diez comunidades esparcidas sobre múltiples lomas, algunas desprovistas de vegetación porque a principios del siglo XX los bosques de pinos fueron arrasados. La localidad de San Ildefonso Tultepec (Centro) cuenta con 3204 habitantes y está a 2389 metros de altitud. El 89,20% de la población es indígena, y el 55,49% de los habitantes habla una lengua indígena. El 0,28% de la población habla una lengua indígena y no habla español. Con una temperatura media de 15° su clima predominante es templado húmedo, con verano fresco y lluvias abundantes.

El pueblo indígena Otomí se ubicó en esta región Sureste de Querétaro antes de los españoles, probablemente entre los años 1521 y 1531. En cuanto al nombre de San Ildefonso, se cuenta que en el año 1879, unos criollos se establecieron en la Hacienda de la Muralla, trayendo consigo una imagen de San Ildefonso. En el año 1967 se oficializó el nombre y cada año, el 23 de enero, se celebra la fiesta patronal del ziddhmu (Santo Patrón) . En cuanto al nombre y el origen de Tultepec, la palabra significa “Cerro de los Tules” o “Lugar de Tules”.

Leyenda del origen de San Ildefonso, el Águila

En viejos tiempos, el nuxgni (águila) señalaba el lugar de asentamiento de los indígenas. Donde el águila se posaba, fue allí que la gente poblaba la región. Así también un día, hace siglos atrás, el águila apareció sobre el sitio donde se encuentra la antigua iglesia de San Ildefonso. El pueblo otomí, siguiendo su estela, decidió construir en el valle la primera casa de adoración y sembró maíz en las zonas aledañas. Sin embargo, la valle no era del todo agrado del águila, por ser muy angosta y no caber sus alas al querer emprender el vuelo. En la búsqueda de una nueva posada, se asentó donde ahora se encuentra el templo de la comunidad. Hacia las cuatro direcciones del viento el águila extendía sus espléndidas alas y quedo satisfecho. Cuando los Otomíes comenzaron la construcción de su nuevo templo, en 1711, el águila se fue volando en dirección a México.

En esta leyenda se evidencia cómo elementos del antiguo mito precortesiano y del catolicismo se han ido amalgamando en un contexto síncrétíco. La fundación de la comunidad recae en la propia tradición mitológica para explicar la ubicación de un centro de adoración cristiano.

A excepción de los barrios de Mesillas, San Pablo, El Saucito y Tenzadá, casi el cien por ciento de la población se considera a sí mismo como “gente natural” o ñañho. Los otros barrios de San Ildefonso se llaman: El Tepozán, El Bothe, El Rincón, Yospí, El Cuisillo, Xajay y La Pini.

Xajay: Tierra humeda

Tenasdá: “Lugar donde crecen los árboles”

Yospi: “Lugar de las cenizas” donde hay rocas de origen volcánico. Los habitantes cavan y venden esta piedra poma.

La Pini: “Lugar de Pinos”

El Bothe: “Lugar donde hay agua estancada y sucia”.

El Tepozan: “Peña punteada”

En el Cuisillo: “Lugar donde hay un montón de piedras”. En este barrio existe una pequeña zona arqueológica inexplorada y deteriorada donde se encuentran los restos de una ruina prehispánica. La cercanía del pueblo Otomí con los Toltecas se manifiesta en esta zona arqueológica, construido por los Otomíes probablemente en principios del siglo XVI. La zona arqueológica que se encuentra en San Ildefonso Tultepec, conocida como el pirámide “El Cuisillo” (un montón de piedras), podría señalar una semejanza con Teotihuacan.

En el Barrio del Rincón, cerca de la barranca, a media hora de camino desde el centro del pueblo hacia el Oriente, se encuentra una zona arqueológica. Hay dos pequeñas pirámides, escondidos entre el pasto y las piedras. Se encuentran todavía puntas de flecha de obsidiana y figuras de barro, utensilios pertenecientes a épocas antiguas. En el pueblo, se narran historias sobre la pirámide y de cómo ha determinado la dirección de la carretera que desde Querétaro atraviesa la comunidad:

 Cuando en San Ildefonso una persona pobre de repente adquiere dinero, la gente dice que fue a ver a la mula. Hacia la sierra, cerca de la barranca, hay una gran piedra en forma de mula. Los que ambicionan riqueza, allí van a la media noche para pedirlo a la bestia, el zunthu (espíritu malo) en cuerpo animal. La mula apareció cuando los ingenieros habían terminado un camino de tercería cuando estaba a punto de pavimentar. Les hablo por boca del zunthu y les dijo que debían darle almas de ciertas personas del pueblo si quería terminar la carretera. Los trabajadores fueron al pueblo a contar lo sucedido pero la gente no estaba dispuesta a sacrificar la vida de sus paisanos para satisfacer a la mula y concluir la obra. Se decidió entonces modificar el trazo de la carretera para evitar el sitio de zunthu.

 Cerca donde se encuentran los pirámides, la gente dice que durante la noche a veces aparece un toro enorme. En su cima hay un hoyo grande y si se tira una piedra por el, tanta es la profundidad que tarda minutos en tocar el fondo. Y cuando finalmente cae en el suelo, no se escucha el sonido esperado sino en su lugar suena una campana. Antes allí había un templo, el cual ahora se encuentra sepultada. En este lugar, dicen, están enterradas increíbles cantidades de oro. Cuando comenzaron las obras para la construcción de la carretera, los trabajadores encontraron  las ruinas. Los ingenieros subieron a la piramide, pero de súbito grandes víboras aparecieron de la pirámide enredándose en sus pies y piernas. Siendo trasladados de emergencia a Amealco, algunos se murieron a consecuencia de los múltiples mordiscos, otros salieron con un gran susto. El mismo día, toda la maquinaria pesada con la que se construía la carretera, se descompuso por completo. Posteriormente, la grúa tuvo que venir a llevársela.

Finalmente se cambió el rumbo de la carretera, más abajo de donde se encuentra la mula y más arriba de donde queda la pirámide.

Las principales actividades económicas del pueblo son la agricultura, la artesanía, ganadería menor, extracción de sillar, alfarería de olla, carpintería, pirotecnia y comercio. Todas las mujeres de la comunidad saben tejer y bordar. Niñas, adolescentes, adultas y ancianas tejen con agujas, ganchos e hilos haciendo muñecas de trapo, servilletas, manteles, fajas, blusas, faldas, bolsas, morrales y monederos. Convencida de que la cultura otomí no solo es la lengua, sino también las fiestas, artesanías y vestimenta, la joven Lucia se ha propuesto, junto a otras mujeres, inculcar a las niñas el orgullo a su traje típico. Promueve el proyecto “rescate de la vestimenta para niñas indígenas de San Ildefonso que busca que las niñas de San Ildefonso vistan su traje tradicional, la blusa bordada a mano con colores e iconografía de la flora y fauna de la región.[1]

[1] http://www.eluniversalqueretaro.mx/nuestras-historias/09-08-2017/lucia-lucha-orgullosa-por-permanencia-de-cultura