Breve historia del pueblo indigena Otomi de Querétaro

El papel de la cultura otomí en la época prehispánica mesoamericana fue mayor de lo que generalmente se ha creído. Através de los siglos, los Otomíes formaron y mantuvieron una identidad étnica-lingüística distinta y única que persiste hasta el día de hoy. Al paso del tiempo, la cultura Otomí ha incluido múltiples expresiones de sincretismo ritual y religioso y hoy día esta viviendo un resurgimiento. Los Otomíes son uno de los pueblos indígenas más numerosos de México y su idioma todavía se habla de forma relativamente amplia, aunque cada nueva generación de jóvenes domina cada vez menos el hñähñú.

La nueva generación de jóvenes Otomíes tiene la importante tarea de rescatar la dignidad de su cultura y asumir la identidad histórica. Al hablar en Otomí a sus hijos y trasmitirles las historias de los abuelos y bisabuelos, toman el lugar e importancia que les corresponde en el desarrollo de este país creando un futuro desde la propia dignidad y auto-determinación.

Del origen y significado de la palabra “Otomí” existen diversas interpretaciones. Según algunos autores, Otomí se deriva del náhuatl “Totomitl”, lo que quiere decir: “los flechadores de pájaros”, o bien que proviene de “Otocac” lo que significa: “el que camina”, y “mitl”, “flecha”, es decir, “los que caminan cargados de flechas” porque los Otomies eran grandes cazadores. Otros señalan que proviene de dos vocablos de su propio idioma: “otho” (que carece de todo), y “mi” (pueblo sin residencia). Otra versión señala que deriva del nombre de un caudillo del grupo llamado “Oton”.
Los Otomíes se denominan a sí mismos Ñäñho, lo que quiere decir: quienes hablan la lengua nativa, el que habla por la nariz o los que hablan la lengua nasal. Según los habitantes de Santiago Mexquititlan, se traduce como: ‘lengua bien hablada’: ñhä-lengua y ñho-bueno.[1]

La lengua otomí (hñahñú) es hablada por 291.722 personas [5.9%] monolingües) según el XII Censo General de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México, repartidas en varios Estados: Hidalgo, Distrito Federal, Veracruz, Querétaro, Puebla, Yucatán, Michoacán, Tlaxcala, Guanajuato, San Luis Potosí, Campeche, Quintana Roo, Morelos y Estado de México. Según la Ley de Derechos Lingüísticos de México, el otomí es reconocido como una lengua nacional, junto a otros sesenta y dos idiomas indígenas y el idioma español. El otomí es una lengua tonal lo cual hace que su escritura sea compleja, y es fuertemente influenciada por el espanol debido al contacto de varios siglos. El artículo tiene plural, pero no lo tiene el sustantivo. En general, no existe género para ningún adjetivo y para casi ningún sustantivo.

La palabra Otomí fue usada en términos despectivos por los aztecas, como sinónimo de sucio y flojo. La capacidad en el trabajo y la creatividad que a través del tiempo han demostrado el pueblo ñäñho, sin embargo, deja sin sentido tal definición. Recordemos que los Mexicas mantuvieron constantes campañas de conquista en la región otomí y encontraron gran resistencia. Como lo hicieron los españoles con los Aztecas, pudiera haber sido una estrategia para dominar a un pueblo al definirlo como inferior y de esta manera justificar su sometimiento[2].

El pueblo indígena Otomí es considerado pueblo originario de las tierras altas de México y uno de los pueblos más antiguos del país. Los hallazgos arqueológicos indican que se asentaron en el Valle Central de México cerca del año 8.000 a.C. Los agricultores Otopame fueron los primeros a labrar la tierra del Valle Central de México durante el preclásico temprano (2000 – 1200 a.C.). Se sabe con certeza que hacia el año 5000 a.C. los Otomíes ya vivieron en el territorio mesoamericano. En el momento que lograron dominar la agricultura, comenzó su expansión geográfica y surgieron variaciones lingüísticas.

Dentro de la historia de México, los Otomíes parecen los grandes olvidados. En los lugares que poblaron, grandes ciudades como Teotihuacán, Tula y Cuicuilco, fueron erigidas[3]. El pueblo Otomí tuvo un papel central en el desarrollo demográfico de los valles centrales. El periodo protoclásico y clásico (150 a.C.- 900 d.C.) vió el surgimiento y la caída (hacia 650 d.C.) de Teotihuacan. Los Otomíes se han incorporado a otras culturas proporcionando productos agrícolas y mano de obra en Teotihuacan[4]. A finales del período clásico, con la caída de Teotihuacán, los Otomíes se dirigieron hacia Tlaxcala y la Sierra Madre Oriental. Los pobladores de la ciudad de Toluca pertenecían a cuatro grupos: Mazahuas, Otomies, Matlazincas y Nahuas. Es probable que los primeros Nahuas hayan llegado a los valles centrales insertándose en un grupo étnico básicamente Otopame[5]. Tula fue fundado en 873 con un porcentaje importante de Otomíes entre sus pobladores. Habitaron los valles de Toluca y Tula y el destino del pueblo Otomi ha estado íntimamente ligado al legendario imperio Tolteca, una tribu Nahua,[6] hasta su hundimiento en 1168 cuando la ciudad de Tula fue invadida por un grupo étnico de cazadores-recolectores llamados Chichimecas.

Después de la caída de Tula, los Otomíes se establecieron en Xilotepec y Chiapan en el Valle de Toluca y hacia el Este para fundar la ciudad-estado de Xaltocan en 1220[7]. El apogeo de la cultura otomí comenzó con su fundación. Xilotepec es considerado el primer gran centro político Otomi. “En Xilotepec alcanzaron en aquel tiempo el máximo grado de desarrollo político, superior al de todos los grupos otomíanos[8] Documentos del siglo XVI insinúan que la ciudad había sido abandonada por los habitantes originales Otomíes en 1395 como consecuencia de un enfrentamiento militar con la alianza de Tepanecas y Mexicas. La evidencia arqueológica, por lo contrario, indica que los Otomíes permanecieron en el área después de que fue abandonada, durante y después de que los Aztecas lo ocuparon.

A pesar de su antigüedad, los Otomíes no han dejado ningún escrito precortesiano. Lo poco que sabemos de la cultura prehispánica de los otomíes se debe a los cronistas y a las relaciones geográficas del siglo XVI. Los documentos en lengua otomí son posteriores a la conquista. Se pueden distinguir cuatro categorías de escritos en otomí: Gramáticas, “artes” y diccionarios; Catecismos y oraciones; Canciones, poemas y cuentos (la literatura oral del Otomí), la Relación Geográfica de Querétaro, elaborada por el escribano real Francisco Ramos de Cárdenas en 1582, es una de las fuentes documentales claves para comprender la historia de Querétaro en el siglo XVI, elaborado a partir de testimonios de pobladores otomíes de Queretaro y documentos pictoricos[9]; y 3 Códices[10].

El Códice otomí de Huichapan[11] es el mas importante. Es un manuscrito de principios del siglo xvii, escrito por Juan de San Francisco, un otomí. Contiene textos en otomí y náhuatl, escritos en caracteres latinos y glifos pictográficos relacionados con el calendario y con topónimos. El códice de Jilotepec fue probablemente redactado en español por un Otomí. El contenido es una recopilación de la tradición oral de Jilotepec y una copia de partes del Códice de Huichapan[12]. Otro códice importante sobre los Otomíes es El códice de Huamantla, de finales del siglo XVI, escrito sobre papel amate. Es un documento pictográfico elaborado por manos Otomíes. Las convenciones pictóricas son muy similares a las de la tradición prehispánica. Las glosas alfabéticas están en náhuatl. Se considera el códice de mayor tamaño en el mundo y uno de los pocos documentos de la cultura otomí conocidos. Presenta los orígenes de un grupo que se estableció en Cuauhmantla, hoy Huamantla y sus hazañas. Inicia con la peregrinación emprendida por el grupo, poco después de la caída de Tula, desde Chiapan en el Estado de México hasta Tlaxcala. Además de los 3 códices, existen otros documentos en el archivo general de la Nación[13].

Existen testamentos en otomí en el Archivo del Poder Judicial del Estado de Hidalgo y documentos inéditos en la biblioteca nacional de Paris, la universidad de Princeton, la de Texas y la Newberry Library en Chicago. Es posible que existan otros documentos en los archivos de las ordenes religiosas y también en los archivos locales de los sitios donde se habla, o se habló, el otomi.[14]

En 1519, cuando los españoles llegaron al centro de México, los Otomíes eran súbditos del imperio Azteca, al que rendían tributo, “excepto en las montañas de Tlaxcala, quienes se hallaban exentos de los tributos a cambio de sus servicios militares en defensa de las zonas fronterizas del territorio confederado y los otomíes libres en el señorío de Metztitlán, en la Sierra de Hidalgo[15]. Se les reconocía valor como guerreros y como poetas. Otomitl era un título militar. Formaban parte del ejército tlaxcalteca que opuso una fuerte resistencia a Hernán Cortés. La primera batalla que tuvo en su marcha hacia Tenochtitlan, fue una emboscada con un gran número de guerreros Otomíes. Pero cuando comienza la conquista española, el pueblo Otomí cree ganar su libertad al hacer una alianza con los nuevos invasores luego de la batalla de la Noche Triste.

Los guerreros Otomíes fueron importantes para la derrota definitiva de los Aztecas. A principios de la Conquista, la colonización del norte había sido ante todo un hecho indígena, un esfuerzo de los guerreros otomíes. Los españoles encontraron bastante provecho en la explotación de nuevas fuentes de riqueza, la mina, la encomienda y la estancia ganadera (en el norte), al mismo tiempo causas de la disminución de la raza indígena. Notablemente en San Luis Potosí y en Querétaro, el pueblo otomí es forzado a trabajar duramente.

En los documentos hispánicos, los cronistas de la época y los historiadores confunden a los Otomíes con los chichimecas nómadas del Norte. Fuentes históricas que datan de la Conquista, describen a los Otomíes de la siguiente manera: “.. riñéndoles por su torpedad les suelen decir: ah, que inhábil eres! Eres como otomite, que no se te alcanza lo que te’ dicen. ¿Por ventura eres uno de los mismos otomites?[16]. En la Relación de Querétaro leemos: “son muy amigos de habitar en partes silvestres y remotas donde nadie les veano se han podido imprimir libros de las cosas tocantes a nuestra Santa Fe católica como las demás lenguas de esta tierra por la dificultad de la ortografía en la pronunciación porque una cosa diciéndola a prisa o despacio, alto o bajo … tienen su significación y quiere decir cosa distinta”. Después de haber jugado el papel de civilizadores, los Otomíes son estigmatizados como un pueblo despreciado, sin cultura. ‘Es obvio, no obstante, que los Otomíes han tenido gran influencia sobre otros pueblos del Altiplano hasta el siglo XII’[17].

El estereotipo de los Otomíes antiguos ha sido reforzado por una imagen contemporánea del otomí como habitante del desierto que explota el maguey para sobrevivir. Esta visión no toma en cuenta que su desplazamiento de las mejores tierras de la región ha sido un fenómeno gradual desde la llegada de los nahuas al Altiplano Central[18]. Es probable que fueron los Otomíes quienes trasmitieron a los nahuas la cultura que les hizo fundar un imperio y que se les llamaron bárbaros por envidia[19]. Por la misma razón, los promotores bilingües del Estado de Querétaro y los habitantes de las comunidades de Amealco, prefieren que se denomine a su pueblo indígena como ñähño en vez de otomí.

Ocho años después de que Hernán Cortés finalizara la conquista española, en 1529, el fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), misionero franciscano, llegó a México. Dedicó 30 años de su vida para elaborar una obra enciclopédica sobre la gente y la cultura del centro de México llamado En la “Historia general de las cosas de Nueva España” o Códice Florentino. Sahagún, antropólogo ‘avant la lettre’, se reunía con los antiguos señores y sabios. Sus motivos eran principalmente religiosos. Describió en lengua mexicana sobre aquello que pudiera ser útil para mantener la “cristiandad de estos naturales de la Nueva España”[20]. Las ilustraciones combinan los rasgos sintácticos y simbólicos de la antigua tradición nahua de pintura-escritura con las cualidades formales de la pintura renacentista europea. Creía que, para convertir a los nativos al cristianismo y erradicar su devoción a los dioses falsos, era necesario entender sus deidades. Según el prólogo al Libro I, consideraba que, en materia de cultura y refinamiento, estaban un paso adelante de otras naciones que presumían de ser muy diplomáticas[21].

Tejedora otomí en telar de cintura. Códice Florentino

La conquista determinó la extensión de los Otomíes y de su idioma hacia el norte en los estados actuales de Querétaro y Guanajuato.[22] Posterior al sometimiento del imperio Azteca en nombre del rey de España, los Otomíes fueron cristianizados por misioneros franciscanos que se asentaron en los territorios de Mandenxhí y Mañhemi (Tula). Su evangelización es iniciada en el año de 1529 y, en poco tiempo, aparentemente se logra su conversión al catolicismo, incluso hasta contribuyen a su difusión entre los pueblos del norte y luchan contra los chichimecas.

A principios del siglo XVIII, todos los pueblos indígenas fueron virtualmente esclavizados y sometidos a los sistemas de explotación económica de la encomienda. Los Otomíes lucharon al lado de Miguel Hidalgo durante la Guerra de Independencia de México (1810-1821) en contra de la invasión estadounidense de 1846 hasta 1848 y se convirtieron en valioso colaborador de la toma de Querétaro en 1867.

[1] Véase “el Otomi en busca de la vida”: Lydia van de Fliert 1989

[2] Véase : Otomíes, Pueblos Indígenas del México contemporáneo, CDI – 2002

[3] véase: Los otomíes, la historia de México

[4] « la literatura otomi » Jacques Soustelle – 1996

[5] véase David Charles Wright Carr 1997

[6] Hay un debate académico sobre si los Toltecas fueron de verdad un grupo étnico político genuino o mas bien un mito producido por los Aztecas.

[7] véase: Brumfiel/Frederick, 1991; García, 1990, Carrasco, 1950, Davies, 1980.

[8] Mendizábal, 1933

[9] https://www.researchgate.net/publication/262262700_El_manuscrito

[10] Vease: La literatura Otomi, Jacques Soustelle, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS), 1996.

[11] El códice consta de 34 hojas de papel europeo empastado en pergamino. Es un registro de anales del Convento de San Mateo Huichapan de 1539 a 1618 y de 1629 a 1632 e incluye un calendario otomí.

[12] David Charles Wright Carr 2002.

[13] Hallados por David Charles Wright Carr.

[14] Los otomies, su lengua y historia, Yolanda Lastra de Suarez – 2006.

[15] Mendizábal, 1933

[16] Sahagún, 1975: 603

[17] Soustelle, 1937; 515

[18] El papel de los otomíes en las culturas del Altiplano Central: 5000 a.C.-1650 d.C. David Charles Wright Carr, 1995

[19] David Charles Wright Carr 1986

[20] INHAH

[21] Vasé: https://www.wdl.org/es/item/10096/

[22] « La literatura otomi », Jacques Soustelle – 1996.