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ANTECEDENTES

Cuando llegó el momento de ordenar nuestra biblioteca y crear espacio para los libros de mi legado, encontré una vieja carpeta que no había visto en mucho tiempo. El archivo contenía cientos de negativos y diapositivas en color y en blanco y negro. Ofrecen una espléndida imagen de la vida cotidiana en Santiago Mexquititlán y San Ildefonso Tultepec, dos comunidades indígenas del pueblo Otomí/ñäñho donde solía andar, trabajando para la Universidad Autónoma de Querétaro, 33 años atrás.
Primero como estudiante y después como investigadora de tiempo completo de la UAQ, tuve la gran fortuna de trabajar y convivir con el pueblo Otomi. En aquellos tiempos, siempre traía mi cuaderno, lápiz y camera fotográfica, a veces acompañada por un fotógrafo y por Severiano, colega indígena de la universidad. Todo lo aprendido sobre el conocimiento tradicional, la filosofía, mitos, ritos, medicina, cosmología y estructuras políticas, religiosas, culturales y sociales, fue plasmado en mi libro: Ar ñäñho hongar nzaki, el Otomí en busca de la vida, UAQ en 1989
El pueblo Otomí, descendiente de las antiguas civilizaciones de México, ha habitado los valles de Toluca y Tula desde antes del año 800 d.C. Los Otomíes de hoy día siguen conservando su patrimonio cultural y conocimiento tradicional, utilizando el sincretismo como medio para la supervivencia, la continuidad cultural y la adopción de nuevas costumbres y habilidades. La mitología prehispánica está presente en los relatos indígenas actuales. La trilogía de la alimentación prehispánica, el maíz, frijol y el chile, sigue siendo la base de la dieta indígena Otomi de Amealco. Los pueblos indígenas del país son la historia y el presente. El pleno reconocimiento de su importancia vital y contribución para México es clave para que el país logre un desarrollo sostenible y equitativo.