Rituales de curanderismo Otomí: Doña Camila

En San Ildefonso Tultepec existen curanderos especializados que, con productos de origen vegetal, animal y mineral, curan las enfermedades de la comunidad; las gastrointestinales, que ocupan el primer lugar, y las de filiación cultural: espanto, mal aire, empacho, histérico, hético, cuadrilla de sol (peligrosa enfermedad causada por el brillo del sol), caída de mollera, mal de ojo , etc. Existen parteros, sobadores, chupadores (que succionan la parte afectada para extraer el mal que aqueja al paciente), hueseros, hierberos y especialistas en limpias.

El yothe (curandero) alivia con plantas medicinales y partes de animales, profiriendo frases sagradas y ademanes. El ñete (brujo) hace uso de objetos simbólicos como velas, huevos, telas y actos mágicos como invocaciones, exorcismos y ritos.

Doña Camila, mi mas querida madre curandera de San Ildefonso Tultepec, cumplió cien años de vida este Abril 2018. Todas las plantas que crecen y animales que corren, son para ella medicina. La naturaleza es su farmacia. Para tratar la tos y el dolor de la garganta por ejemplo, se tiene que atrapar un camaleón vivo. Se le corta la punta de la cola para recibir la sangre en la mano y tomarla tibia. Después, hay que amarrar un hilo rojo sobre lo que queda de la cola y dejar libre el camaleón “para que se lleve la enfermedad y busque la vida”.

Los ancianos prefieren atenderse con el curandero. Sus hierbas van acompañadas con frases sagradas, ademanes y oraciones inspiradas por el Dios Kwä y la naturaleza, mientras que el doctor solamente prescribe la medicina sin acompañamiento ritual. La gente grande recuerda que antes, las enfermedades se curaban fácilmente con tratamientos de hierbas y animales porque los ñäñho eran personas de sangre fuerte. Pero hoy día, los jóvenes se van de sus tierras y viajan con frecuencia a la ciudad donde la vida no es sana. Se vuelven débiles de sangre y requieren remediar los malestares con medicamentos fuertes tal como ‘la gente de razón’ de las zonas urbanas.

Por el alejamiento de los aldeanos de lo sobrehumano y los antepasados, los santos ya no efectúan milagros como antes lo hacían. Los antepasados se encuentran molestos y castigan a los humanos. La naturaleza advierte calamidades. La gente dice que los ñäñhu están perdiendo mucha de su fuerza física vital que los caracterizaba en tiempos pasados, por no respetar las normas antiguas, ni los deberes rituales, religiosos y comunitarios. Por separarse del mundo sobrehumano, los Otomíes se mueren más jóvenes, mientras que en épocas pasadas, su promedio de vida era de 100 a 150 años.

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