La danza de las pastoras y los arcos

La danza de la pastora (nei mo’yo) y de los arcos (nei nsdt’o) de San Ildefonso Tultepec

En Mesoamérica , las danzas eran actos rituales para rendir culto a los deidades y promover la buena caza y abundante cosecha bajo la dirección de sacerdotes. Los bailes indígenas de hoy son producto de una mezcla entre antiguas tradiciones precortesianas y las enseñanzas de los primeros misioneros. “La Pastora” y “Los Arcos” no son realizadas con el único fin de recrear el ojo ni cobran sentido en si mismas sino en relación con su propósito sagrado y simbólico y su movilización de relaciones reciprocas y cargos comunales. La danza misma se concibe como una ofrenda. La Pastora se danza para venerar al sol, para que ilumine la tierra, y para que las nubes suelten su agua benéfica en los cultivos.

La danza prehispánica es el antecedente de la danza indígena Otomi presentada por estas imágenes. La danza dentro del ceremonial religioso era típica en la época pre-cortesiana. Los misioneros transformaron su uso y la integraron en las celebraciones cristianas. Fue habitual la participación activa y masiva en las celebraciones religiosas. En 1539 y en 1883, la Iglesia prohibió la celebración de danzas en el interior del templo, quedando igualmente reglamentado que no se deben realizar dichas danzas ni antes de salir el sol o antes de la Misa Mayor. En las comunidades Otomíes de Amealco, se baila dentro de la iglesia y al frente del templo, durante la noche y el día. El carácter participativo no se ha perdido, lo demuestran las largas procesiones, las representaciones teatrales, las danzas, las comidas con toda la comunidad al lado de la iglesia al aire libre. A través de las danzas, se trasmite la memoria colectiva y se celebra la colectividad y reciprocidad entre los habitantes de San Ildefonso y entre ellos y los santos y deidades, el agua, la tierra y el sol.

Las danzas de la Pastora y de los Arcos son características y típicas de San Ildefonso y también Santiago. Se llevan a cabo el 12 de diciembre (día de la Virgen de Guadalupe) y el 23 de enero (culto para el santo patrón San Ildefonso) y el día de la fiesta patronal el 25 de Julio, tanto en el templo del centro como en los oratorios familiares. Las celebraciones se enmarcan dentro del calendario católico y al mismo tiempo tienen un fuerte vínculo con los ciclos agrícolas de la tradición mesoamericana. Cada grupo de danzantes cuenta con unas treinta personas. Seis de ellos son cargueros (servidores de los santos y antepasados) y cubren los gastos del cargo que tienen, el pago del maestro de la danza, los músicos, las bebidas y la comida para todo el pueblo, los fuegos artificiales, cohetes, velas y flores.

Cuando se acerca la fecha de las fiestas, los danzantes van a la capilla del mayordomo para ensayar. Muy temprano por la mañana, se reúnen primero en el templo para rezar el rosario. Luego, los grupos caminan rumbo a la casa del mayordomo y durante el camino cantan, rezan y prenden cohetes saludando así a Kwä, el Dios Otomí. Al llegar a la capilla, el mayordomo recibe a los danzantes y músicos con alimento y bebida.

La danza de la Pastora se inicia con cánticos agudos en alabanzas tanto en ñähñu como en español, cantados por mujeres formadas en círculo. Luego, las danzantes se forman en tres filas y con el ritmo de la música hacen rondas en forma de ocho horizontal de cuatro en cuatro, siguiendo así el movimiento del sol. Con el bastón en la mano, orlado de cascabeles en el mango, marcan el incesante ritmo de la música monótona del tambor, la flauta y el violín, simbolizando la labor del campo. El vestuario consiste en el traje tradicional y sombrero blanco rodeado de listones largos coloridos hasta la rodilla y ornamentado con abundantes flores de papel plateado semejando una corona, o quizá al sol, con sus brillantes rayos. En tiempos precortesianos, los adornos en los sombreros estaban compuestos de plumas y cada color tenía un significado especial. La participación exclusiva de mujeres, niñas pequeñas hasta ancianas, y las fechas de su presentación asociadas a los ciclos vitales agrícolas hacen de la danza un ritual de gratitud y de fertilidad transformado en ritmos dancísticos.

En tiempos pasados, la danza de los Arcos era protagonizada por hombres vestidos de pantalón blanco sobre el cual cruzaban un paliacate doblado en triangulo y una faja roja. La camisa era de manta bordada y el arco adornado con plumas. Hoy en día, los hombres ya no usan el vestuario tradicional, portan la faja roja sobre su camisa que representan la germinación de los cultivos por los rayos solares.

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