Corpus Christi o el día de los animales

Fiesta de los animales Corpus Xti

En Santiago Mexquititlan, antes de la caída de las primeras lluvias, cuando aún no hay trabajos en la milpa, es la época por excelencia para la caza, la pesca. Un día antes de jueves de Corpus, la comunidad celebra el “Dango ya zu’we”, la fiesta de los animales. Cada año durante las celebraciones de Corpus Christi, no solo recuerdan la resurrección de Jesús y su presencia en cuerpo y sangre, sino la caza también. Los cargueros (servidores) de los santos (que representan los antepasados) de la iglesia de Mexquititlan, muy temprano por la mañana, salen al campo para pescar y atrapar cuanto animal encuentran, vivo. Cuando regresan, sacan las imágenes sagradas del templo y adornan los altares e imágenes de los santos con listones, policromos, panes y plátanos y cuelgan a los animales vivos, víboras, conejos, tlacuaches, tortugas, ardillas, camaleones, gorriones, calandrias, peces en bolsas con agua. Estas ofrendas simbolizan la espléndida generosidad de la naturaleza y el respeto que tienen los humanos hacia ella. Unos años atrás, cuando la erosión y la deforestación del medio ambiente todavía no había “pelado” los montes, también encontraban venados y águilas.

Ningún animal puede ser matado durante 24 horas porque es su día sagrado. Si un cazador mata a un animal, se enfermará gravemente. Al día siguiente, transcurrida la noche y terminadas las festividades, los cargueros recogen los animales vivos de los altares para devolverlos a la naturaleza. Los llevan con mucho cuidado en sus jaulas a los lugares precisos donde fueron capturados, los ríos y arroyos, el bosque y los campos. Todo para que “busquen la vida” y cuenten a los demás animales que los seres humanos los habían tratado bien, que no los deberían de tener miedo. Así cuando comienza la época de la caza, será provechosa para los ñäñho porque los animales se dejen atrapar fácilmente.

Rituales de curanderismo Otomí: Doña Camila

En San Ildefonso Tultepec existen curanderos especializados que, con productos de origen vegetal, animal y mineral, curan las enfermedades de la comunidad; las gastrointestinales, que ocupan el primer lugar, y las de filiación cultural: espanto, mal aire, empacho, histérico, hético, cuadrilla de sol (peligrosa enfermedad causada por el brillo del sol), caída de mollera, mal de ojo , etc. Existen parteros, sobadores, chupadores (que succionan la parte afectada para extraer el mal que aqueja al paciente), hueseros, hierberos y especialistas en limpias.

El yothe (curandero) alivia con plantas medicinales y partes de animales, profiriendo frases sagradas y ademanes. El ñete (brujo) hace uso de objetos simbólicos como velas, huevos, telas y actos mágicos como invocaciones, exorcismos y ritos.

Doña Camila, mi mas querida madre curandera de San Ildefonso Tultepec, cumplió cien años de vida este Abril 2018. Todas las plantas que crecen y animales que corren, son para ella medicina. La naturaleza es su farmacia. Para tratar la tos y el dolor de la garganta por ejemplo, se tiene que atrapar un camaleón vivo. Se le corta la punta de la cola para recibir la sangre en la mano y tomarla tibia. Después, hay que amarrar un hilo rojo sobre lo que queda de la cola y dejar libre el camaleón “para que se lleve la enfermedad y busque la vida”.

Los ancianos prefieren atenderse con el curandero. Sus hierbas van acompañadas con frases sagradas, ademanes y oraciones inspiradas por el Dios Kwä y la naturaleza, mientras que el doctor solamente prescribe la medicina sin acompañamiento ritual. La gente grande recuerda que antes, las enfermedades se curaban fácilmente con tratamientos de hierbas y animales porque los ñäñho eran personas de sangre fuerte. Pero hoy día, los jóvenes se van de sus tierras y viajan con frecuencia a la ciudad donde la vida no es sana. Se vuelven débiles de sangre y requieren remediar los malestares con medicamentos fuertes tal como ‘la gente de razón’ de las zonas urbanas.

Por el alejamiento de los aldeanos de lo sobrehumano y los antepasados, los santos ya no efectúan milagros como antes lo hacían. Los antepasados se encuentran molestos y castigan a los humanos. La naturaleza advierte calamidades. La gente dice que los ñäñhu están perdiendo mucha de su fuerza física vital que los caracterizaba en tiempos pasados, por no respetar las normas antiguas, ni los deberes rituales, religiosos y comunitarios. Por separarse del mundo sobrehumano, los Otomíes se mueren más jóvenes, mientras que en épocas pasadas, su promedio de vida era de 100 a 150 años.